La educación a través de la fotografía
Siempre me ha gustado mucho la fotografía. Cuando cumplí 8 años me regalaron una cámara digital y me encantó. Me la llevaba a todas partes y hacía fotos a todo lo que veía. Al final, se me rompió cuando tenía unos 14 años y no me volví a comprar otra porque esa afición por las fotos ya no era tan grande como cuando era niña. Sin embargo, hace dos veranos, pedí una cámara por mi cumple. Principalmente la pedí porque quería tener fotos de mejor calidad de todo mi verano y poder guardar todas esas fotos a modo de recuerdo. Después de ese verano, mi hobby de hacer fotos volvió a aparecer y, desde ese verano, ya me he comprado una cámara más y, de hecho, tengo pensado comprarme otra este verano por mi cumpleaños. Mis amigos y mi familia no entienden para qué quiero tantas cámaras, si las dos que tengo funcionan a la perfección. Yo siempre digo que es que cada cámara hace fotos diferentes.
Seguramente os estaréis preguntando por qué os estoy contando todo este rollo y es que en esta entrada del blog me ha apetecido mezclar uno de mis hobbies con la educación. Por eso, voy a enseñaros 4 fotos diferentes (no todas son hechas por mí, pero sí que son de mi entorno) y cada una la he relacionado con algún tema educativo del que voy a hablaros y que considero interesante.
Esta primera foto la hice yo hace unos años en el cumple de uno de mis primos. El que sale en la foto es mi primo Marcos y sale con un vestido de Anna de Frozen mientras juega al baloncesto. Desde bien pequeño se obsesionó con la película de Frozen y, a día de hoy, le sigue fascinando. Se compró todos los vestidos de Frozen que iban saliendo, yo diría que tiene casi todos, incluyendo los de la primera peli y la segunda, e incluso de algún corto. Con esta foto me gustaría hablar de los estereotipos y roles de género dentro de la escuela, pero antes, quiero daros un poco de contexto para entender la historia que hay detrás de esta foto.
Como buen fan de Frozen, mi primo escogió una mochila de Elsa (la protagonista de la película) para ir al cole. Él iba entusiasmado al cole, pero sus compañeros empezaron a meterse con él diciéndole que esa mochila era de niñas. Estuvieron así durante meses. Cuando mi tía me contó todo esto, me quedé realmente impactada. Sin embargo, lo que más me entristece, impacta y enfada a la vez es la decisión que tuvo que tomar mi tía. Acabaron llevando al psicólogo a mi primo Marcos para que le ayudara a ver que no había nada de malo en ser él mismo, en llevar la mochila que quisiera, ver las pelis que le gustan, pintarse las uñas, etc. ¿Por qué tiene que ser mi primo el que vaya al psicólogo? ¿Por qué el colegio no hizo nada y tuvo que ser mi tía la que tomara la iniciativa? ¿Por qué los demás niños dirían que llevar una mochila de Elsa es de niñas?
Lo
que le ha ocurrido a mi primo Marcos no es algo individual ni espontáneo, sino
que está estrechamente relacionado con el sistema sexo-género. Este asigna una serie
de normas sociales, valores, roles y comportamientos diferentes dependiendo de
tu sexo biológico desde el momento en el que naces. Por ejemplo, en el momento
en el que naces, el hospital ya te pone una etiqueta o pegatina rosa o azul,
dependiendo de si eres niño o niña. De esta forma, desde que somos pequeños se
nos enseña lo que es de “niños” y lo que es de “niñas”. En este caso, llevar
vestidos o mochilas de princesas siempre ha estado asociado culturalmente a las
niñas, mientras que si lo hace un niño se le empieza a llamar de diferentes
formas despectivas como “afeminado”.
A
partir de aquí, aparecen los estereotipos de género, que simplifican y refuerzan
estas ideas. Como, por ejemplo: “los niños no pueden llevar vestido”, “los
niños deben jugar al fútbol”, “el rosa de niñas”, etc. Estos estereotipos están siempre presentes y, además, se vigilan y reproducen socialmente. Los compañeros
de Marcos se meten con él porque desde pequeños se les han enseñado estos roles
y estereotipos, ya sea en la familia o en el entorno social en general. Es algo
que aprenden casi de forma innata e inconsciente y luego lo reproducen sin
cuestionarlo. Asimismo, actúan como una “policía del género”, ya que señalan y
castigan todo tipo de comportamiento que se salga de la norma. Esto muestra
cómo los estereotipos se transmiten de generación en generación y se consolidan
en espacios como el aula.
Es
aquí cuando entra en juego la importancia del papel de la escuela como agente
de socialización. Está claro que la escuela no solo se encarga de transmitir
conocimientos, sino que también transmite normas sociales y, de hecho, en
muchas ocasiones lo hace de forma implícita, a través de lo que conocemos como currículum
oculto. Por ejemplo, los juegos que se fomentan en el patio (la mayoría de los
niños juegan al fútbol, mientras que las niñas caminan alrededor del patio),
cómo se agrupa el alumnado, qué actitudes se permiten y cuáles se corrigen o,
como en este caso, qué situaciones de discriminación se ignoran. El hecho de
que el colegio no interviniera refuerza el mensaje de que esa burla o
discriminación son “normales” o “aceptadas”, contribuyendo así a la reproducción
de los roles de género.
Toda
esta historia plantea un problema que, desde mi punto de vista, es clave. El
problema no está en Marcos, sino en el entorno, que castiga la diferencia. El hecho
de que sea él quien tenga que ir al psicólogo refleja esa tendencia tan común en
individualizar un problema que, realmente, es estructural. En vez de cuestionar
las normas y los roles de género, se
intenta ayudar al niño a adaptarse o, incluso, a resistirlo, cuando realmente debería
haber una intervención educativa por parte de la escuela que promueva el
respeto y la diversidad.
La familia como agente educativo
Esta
foto nos la hizo mi tío Tomás el verano pasado y yo ahí estaba realmente feliz
y relajada porque fue justo el día siguiente de terminar la PAU, que celebramos el
cumpleaños de una de mis primas. Personalmente, esta foto me encanta porque nos
veo a todos como somos: mi padre haciendo su pose típica de foto, mi madre
simplemente sonriendo de forma natural, mi hermano riéndose (raro en él, porque
en las fotos siempre sale serio) de mi padre y yo, únicamente disfrutando el
momento.
Muchas
veces, cuando pensamos en educación, pensamos únicamente en la escuela. Sin
embargo, la familia es otro espacio pedagógico único e insustituible. De hecho,
la familia es la institución educativa primaria. A diferencia de la escuela, su
influencia no es meramente técnica o académica, sino que es necesaria para el
ser humano. Naturalmente, no somos seres aislados, nacemos en una familia
determinada y esta relación humana que se da es lo que nos permite
humanizarnos. Según Ortiz (2004), la familia es un “amortiguador” entre las
exigencias del sistema social y las necesidades antropológicas del ser humano.
Es decir, mientras que la sociedad o el trabajo nos valora por nuestra utilidad
y rendimiento, la familia nos acepta y nos quiere por quiénes somos y no por lo
que hacemos. Si nuestra familia desaparece, nos quedamos “desprotegidos” frente
a las duras exigencias del sistema. Adicionalmente, autores como Fontana, Gil y
Reyero (2013) añaden que la escuela trabaja bajo criterios de evaluación y
mérito, pero la familia siempre educa desde la incondicionalidad. Es decir, un
padre o una madre siempre te va a querer incondicionalmente desde el día en el
que naces, es un vínculo superior a todo lo demás. Por eso, la familia siempre va
a tener un compromiso superior que la escuela, e incluso va a anteponer tus
propias necesidades a las suyas, y esto no se le puede exigir a un profesor, es
algo exclusivo del vínculo familiar.
Asimismo,
Fontana, Gil y Reyero argumentan que la relación familiar es necesaria y
estructural, pues el ser humano es relacional. Es decir, no nos hacemos humanos
solos, la familia es el origen y el sentido de la vida humana. Sin ese núcleo
original, es más complejo el desarrollo de la identidad, pudiendo llegar a
quedar incompleto.
Por otro lado, la familia tiene un papel fundamental a la hora de educar, ya que es quien te introduce en la realidad, quien te introduce en el mundo. La familia es insustituible porque es el primer lugar donde aprendemos qué es valioso, qué es el amor, qué significa ser persona… Los autores mencionados anteriormente aseguran que no puede haber una educación puramente diplomática, equidistante y formal, sino que la familia se “moja”, toma partido en diferentes temas y transmite una visión del mundo concreta que sirve de base para todo lo demás.
Está
claro que no aprendemos solo en la escuela, sino también en el parque,
academias, campamentos, con la familia, en la calle… En esta foto estoy con algunas
amigas en Florencia, justo en frente del duomo (la Catedral de Santa María
del Fiore). El verano pasado hicimos un interrail por diferentes ciudades
de Italia y lo disfrutamos al máximo. Además, fue impactante ver obras de arte
en todos los rincones de cada ciudad. Nos impactó todavía más el hecho de que
durante 9 meses enteros, muchas de esas obras las habíamos visto proyectadas en
clase de Historia del Arte y habíamos tenido que hacer un montón de comentarios
de texto de cosas que estábamos viendo con nuestros propios ojos tan solo a unos metros
de distancia. Fueron doce días intensos, llenos de andar, museos, calor, emoción, cuadros, iglesias, esculturas, etc. Sin embargo, en esos días viajando en los
que estuvimos visitando una infinidad de museos y observando una cantidad de
obras de arte enorme, e incluso nuestras esculturas y cuadros favoritos,
aprendimos muchísimo. No solo eso, sino que disfrutamos como niñas pequeñas, se
nos iluminaban los ojos cada vez que veíamos algo, o simplemente paseando por
las calles, aunque a la que más recuerdo disfrutar es a mi amiga Laura. En
segundo de bachillerato tuvo muchas dudas sobre qué estudiar, no tenía nada
claro. Al final, se decantó por Historia del Arte y, en este viaje, se dio
cuenta de que no se había equivocado y las pocas dudas que le quedaron desaparecieron.
La
educación no formal es todo aprendizaje organizado, sistematizado y ordenado
que se produce fuera del ámbito escolar con el objetivo de adquirir competencias
intelectuales y morales. Además, es voluntaria y flexible. Por lo tanto, a
pesar de suceder fuera de la escuela, sigue teniendo una intención formativa,
pero sin ser evaluada. Suelen ser experiencias que, sin exámenes ni horarios
escolares, generan conocimientos, valores y un desarrollo personal.
Precisamente,
en esta imagen, y en todo nuestro viaje, se refleja este tipo de aprendizaje.
Durante nuestro interrail por Italia, no estábamos haciendo turismo únicamente,
sino que estábamos construyendo nuestro propio conocimiento, de forma
vivencial, significativa y puramente emocional. Todo lo que habíamos visto de
forma teórica en clase durante meses, todas las obras diferentes y sus títulos,
los autores y los diferentes movimientos artísticos, se transformó en una
experiencia real y directa.
Este
tipo de aprendizaje que vivimos mis amigas y yo tiene una característica clave:
su significado. Contemplar en persona lo que habíamos estudiado anteriormente
nos permitió reinterpretar los contenidos, entenderlos profundamente, conectar
diferentes ideas y, sobre todo, sentirlas. No estoy diciendo que la educación
no formal sea mejor que la formal, o que la sustituya, sino que la complementa. En
nuestro caso, la educación no formal no solo complementó a la formal, sino que
la enriqueció, ya que nos aportó un contexto, un sentido y una emoción.
Después de todo, esta fotografía representa un viaje entre amigas, pero también representa un proceso de aprendizaje compartido. Creo que en la foto se nos ve a las cuatro realmente emocionadas, y es que era así. A pesar de que ahí ya llevábamos una semana de viaje y de que ya habíamos visto el duomo ese día, seguíamos ensimismadas por la belleza y el encanto de Florencia, por las esculturas, iglesias y cuadros que habíamos visto. Todo lo que aprendí en ese viaje, visitando tantos lugares, no lo podría haber aprendido en un aula, y mucho menos la emoción que mis amigas y yo sentimos al ver El rapto de las sabinas, La primavera o el David, entre otras muchas cosas más. Creo que es importante recordar que la educación no solo se lleva a cabo en la escuela, sino que sucede en más espacios diferentes y la educación también significa vivir experiencias que permitan a las personas descubrir, cuestionar y construir su propio aprendizaje, para así descubrir la vida que uno quiere.
En
estas fotos vuelvo a estar con mis amigas, pero en un ambiente más cotidiano y
diario. La primera foto es de estas navidades pasadas, que fuimos a
Madrid a ver las luces y comer churros con chocolate caliente. Mientras tanto,
la segunda foto, me acuerdo de que ese día estuvimos en mi casa y luego fuimos
a cenar. Era de los primeros días que quedábamos las cuatro después del verano
y creo que se nos ve ese "brillo", como yo lo llamo, tan
característico de verano. No tengo mucho más que contar en esta foto, la
verdad, simplemente somos mis amigas y yo tratando de atrasar que se acabe el
verano y disfrutando de ese momento al máximo. Con estas dos fotos os quería
hablar sobre la educación informal.
La
educación informal hace referencia a todo aprendizaje que se adquiere de manera
no intencionada, espontánea y continua en la vida cotidiana. A diferencia de la
educación formal y no formal, no responde a una planificación previa ni a
objetivos pedagógicos explícitos, sino que surge de las interacciones diarias, de
las experiencias compartidas y del contexto social con el que interactuamos.
Estas
fotos reflejan a la perfección este tipo de aprendizaje. Estoy con mis amigas
en un momento cotidiano y común. A simple vista, este tipo de fotos, en las que
ves amigos pasar el rato y disfrutando de estar juntos, pueden parecer que
carecen de un valor o significado educativo. No obstante, en estos contextos, situaciones
y espacios es cuando se construyen algunos de los aprendizajes más
significativos. A través de las interacciones sociales con los demás,
aprendemos cosas que son igual, o incluso más valiosas que las que aprendemos
en el colegio. Gracias a la convivencia y la conversación aprendemos valores
fundamentales necesarios para hacernos seres humanos y relacionarnos con otros
seres humanos. Aprendemos a apoyarnos mutuamente, desarrollamos habilidades
sociales, aprendemos a escuchar, a expresar nuestras ideas, a resolver
conflictos, a comprender diferentes puntos de vista, y muchas cosas más
fundamentales para los seres humanos.
Por
eso, la amistad es esencial y, también, podríamos decir que actúa como un
agente educativo principal y vital. Las relaciones entre iguales generan un
entorno de confianza en el que nos sentimos seguros y cómodos para
experimentar, equivocarse y crecer sin la presión de la evaluación formal.
Además, las amistades, al igual que la familia, influyen en la construcción de
la identidad, en la toma de decisiones y en la interiorización de valores como
el respeto, la empatía y la solidaridad. Al fin y al cabo, las amistades son
esa segunda familia que tú eliges y construyes poco a poco.
Aunque
este tipo de educación, que en muchas ocasiones es invisible o se queda a la
sombra de la educación formal y no formal, tiene un impacto muy profundo y
duradero en todas las personas. Al final, no se mide en calificaciones ni se
recoge en currículos, pero contribuye en gran medida al desarrollo integral del
ser humano. En contextos informales como los que muestro en las fotos
anteriores, aprendemos lo más puramente humano, a ser y a convivir, aspectos vitales
que complementan y dan sentido a los aprendizajes adquiridos en otros ámbitos.

Me encanta la manera en la que a través de fotografías eres capaz de contar historias y conectarlo con la educación. ¡Me ha parecido súper creativo y original!
ResponderEliminarAYYY ANGELA! que bonito me ha parecido este post. La gran forma en la que conectas un hobbie con los cocnocimeintos y las refelxiones me parece un verdadero arte. Me ha gustado mucho la refelxión de tu primo Marcos y su amor por frozen, porque aunque a muchos les parezca que el tema es una tonteria, me parece que queda mucho por hablar, y tu lo consigues a la perfección :)
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