¿LOMLOE=Formación?

La formación es un proceso que va más allá de la simple transmisión de contenidos, pues busca una dimensión clave del desarrollo humano. Busca la construcción de esquemas mentales propios y utilizarlos para conocer y comprender el mundo, para interpretarse a uno mismo y para relacionarse críticamente con los demás. La formación implica tener conciencia del propio proceso de cambio, una reorganización crítica de la información y una capacidad para enfrentar situaciones nuevas desde una estructura cognitiva propia.

Por otro lado, la educación supone una perspectiva de valor. Educar es enseñar aquello que consideramos valioso, pero también es formar intelectualmente a un ser humano. Por eso, la educación integra tanto los criterios de contenido y equilibrio (qué enseñamos y cómo se distribuye) como los de forma y uso (cómo se aprende y para qué sirve). Si no se aplican los elementos asociados a la formación (cambio consciente, apropiación crítica del conocimiento, reorganización interna de los esquemas mentales), la educación queda reducida a un mero adiestramiento o instrucción, perdiendo su fundamental naturaleza transformadora.

La LOMLOE (2020) pretende alinearse con esta visión amplia de educación y formación. Se centra en la importancia de las competencias clave, del aprendizaje competencial, el perfil de salida, las metodologías activas y la evaluación formativa. Todo esto busca precisamente desplazar el foco desde la memorización de contenidos hacia el desarrollo de estructuras cognitivas complejas que permitan al alumnado interpretar, aplicar y reconstruir el conocimiento.

Es verdad que esta nueva ley tiene elementos que favorecen la formación. El aprendizaje competencial obliga a los alumnos a generar esquemas mentales aplicables a situaciones nuevas, conectando conocimientos aprendidos con el pensamiento crítico. Asimismo, esta ley apuesta por las metodologías activas (indagación, proyectos, resolución de problemas, etc.) para favorecer la elaboración propia del conocimiento. También, se utiliza la evaluación como una herramienta de aprendizaje (no solo de certificación). Esto ayuda al alumnado a ver qué ha aprendido y qué no, ver cómo mejora y ser consciente de ese proceso de aprender, uno de los rasgos fundamentales de la formación. La LOMLOE también defiende la inclusión y la igualdad, pues una formación auténtica solo puede darse en lugares que reconozcan la diversidad del alumnado para que cada uno construya su esquema de aprendizaje propio y personal.

Pero ¿la LOMLOE garantiza realmente la formación?

Aunque la LOMLOE establece un marco adecuado, la existencia de una ley educativa no garantiza de por sí la formación profunda del alumnado. Todavía existen algunas “carencias”. 

En primer lugar, la cultura escolar sigue muy centrada en los contenidos. A pesar del discurso competencial, muchos centros siguen manteniendo las prácticas tradicionales. Personalmente, como persona que ha vivido este cambio de ley en Bachillerato, no noté mucho cambio. Las clases seguían siendo igual, los profesores enseñaban con la misma forma de siempre y yo seguía estudiando como siempre: memorizando. Donde noté algo de cambio fue en algunos exámenes de la PAU. Por ejemplo, en Historia del Arte definíamos conceptos a partir de la foto, aunque en otras asignaturas como Historia de España no hubo ningún cambio realmente importante. No obstante, es verdad que la ley se acaba de aplicar y necesita pasar más tiempo para que haya cambios reales en la educación. 

Por otro lado, otra de las “carencias” de esta ley es que la evaluación sigue arrastrando inercias calificadoras que dificultan la reflexión profunda sobre el propio aprendizaje. En muchos centros educativos, aunque la ley hable de evaluación formativa, aún se mantiene una práctica tradicional centrada casi exclusivamente en poner notas, clasificar y calificar al alumnado. Todo esto dificulta la reflexión de los alumnos, ya que estos se centran más en aprobar que en entender, es decir, se centran en el resultado y no en el proceso y, por lo tanto, no analizan sus errores porque solo se fijan en la nota. 

Además, algo crucial para que funcione esta ley es que el profesorado necesita una formación continua para poder desplegar todas las metodologías necesarias y que sean coherentes con el enfoque competencial. Sin embargo, es necesario tenr en cuenta que muchos centros educativos no están preparados para asumir estos cambios debido a falta de recursos materiales, tecnológicos y humanos. También, es una realidad que las ratios elevadas dificultan la creación de experiencias de aprendizaje que verdaderamente transformen al estudiante y se fomente su pensamiento crítico. La LOMLOE busca una atención individualzada, evaluación competencial (que implica observar bien los procesos de todos los alumnos), una inclusión real y el desarrollo de metodologías activas (requieren tiempo, seguimiento y acompañamiento constante). Esto se dificulta con la existencia de clases masificadas

Por último, la LOMLOE puede establecer normas, objetivos, currículos, métodos de evaluación, organización de materias, etc. pero no puede obligar a que un alumno tome conciencia internamente de cómo está aprendiendo y de cómo cambian sus ideas, su forma de pensar o sus esquemas mentales. Esa toma de conciencia personal es una parte profunda y subjetiva del aprendizaje, y la parte esencial de lo que llamamos formación. Todo esto quiere decir que la LOMLOE puede crear las condiciones para una buena formación, pero no puede garantizar la reflexión interna del aprendizaje. Esta solo sucede si el alumno realmente reflexiona y construye su propio conocimiento.

En conclusión, la LOMLOE propone unas bases que teóricamente favorecen la formación: apuesta por el pensamiento crítico, la construcción activa del conocimiento, la reflexión y el desarrollo de competencias transferibles. En ese sentido, sí se alinea con la idea de formación que se ha explicado anteriormente. No obstante, la ley marca la dirección, pero no garantiza el proceso ni el resultado. La verdadera formación, ese cambio interno consciente y crítico que organiza el pensamiento del alumno, depende de la práctica educativa real, de la cultura docente, de las condiciones del sistema y de la implicación del alumnado y profesorado. La LOMLOE abre la puerta, pero es la comunidad educativa la que debe atravesarla para que la educación no se limite a transmitir valores y contenidos, sino que forme personas capaces de pensar por sí mismas.


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