El teatro como herramienta pedagógica
Hice teatro durante 6 años, aproximadamente, y me encantaba. Siempre he sido una chica muy tímida y, si no me conoces, no te imaginarías que he hecho teatro durante mucho tiempo de mi vida. No sé cómo explicarlo, pero era subirme a un escenario y olvidarme de la gente de enfrente. Disfrutaba muchísimo, tanto hacer las obras, como los ensayos y todas las actividades que hacíamos. Me encantaba cuando hacía reír y al público y, lo que más me gustaba de todo, era poder representar personajes tan diferentes. Con esta entrada quería haceros ver cómo el teatro puede ser una gran herramienta pedagógica.
El teatro, como todos sabemos, es una disciplina artística. Sin embargo, va mucho más allá de eso. A la hora de hacer teatro, involucras todos los aspectos posibles de tu propia persona: el cuerpo, la voz, la emoción, el lenguaje (verbal y no verbal)... Absolutamente todo.
Por esta razón, como solución a este problema que detectó, propuso redes abiertas donde las personas podían aprender unas de otras según sus intereses y necesidades, creando así una comunidad de redes, frente a ese sistema institucionalizado.
Aunque a lo mejor no lo veis del todo, toda esta teoría de Ivan Illich está muy relacionada con el teatro. En un club de teatro siempre hay una persona con autoridad, ya que es quien nos enseña las cosas más básicas del teatro como por ejemplo, nunca dar la espalda en escena, además de ayudarnos a montar la obra, a representar los personajes, a mejorar nuestras improvisaciones, y una infinidad de cosas más. Sin embargo, cada integrante del grupo aporta cosas diferentes y todos aprendemos de todos: hay personas a las que se le da muy bien hacer reír al público, a otros se les da muy bien hacer improvisaciones, a otros aprenderse el texto, a otros transmitir tristeza… Al final, en un club de teatro aprendemos muchas cosas gracias al profesor, pero lo que realmente nos hace ser mejores actores son nuestros compañeros, esa pequeña comunidad que hemos creado a partir de nuestros gustos e intereses parecidos y cada persona aporta su propio punto de vista, su historia. Además, otro punto importante es que cuando participas, en este caso, en una experiencia teatral lo haces porque quieres, surge de tu propia motivación e interés, no hay una obligación.
Después de todo esto, quería enseñaros cómo podríamos utilizar el teatro como un herramienta pedagógica. Ya hemos visto que en un club de teatro aprendemos muchas cosas, pero sobre todo ocurre gracias a las personas. Pero, ¿podríamos utilizar realmente el teatro en las aulas de los colegios?
En resumen, el teatro, además de ser una expresión artística, es una puerta abierta a nuevas maneras de aprender y entender el mundo y nos permite conectar con nostros mismos y con los demás. Posiblemente por eso recuerdo esos años en los que hice teatro con tanto cariño y nostalgia, y ahora entiendo que no solo estaba actuando y disfrutando, sino que también estaba aprendiendo, pero de una forma distinta. A lo mejor ha llegado el momento de que esa forma de aprender llegue también a las aulas, ¿qué opináis vosotros?
El teatro, como todos sabemos, es una disciplina artística. Sin embargo, va mucho más allá de eso. A la hora de hacer teatro, involucras todos los aspectos posibles de tu propia persona: el cuerpo, la voz, la emoción, el lenguaje (verbal y no verbal)... Absolutamente todo.
Por esta razón, como solución a este problema que detectó, propuso redes abiertas donde las personas podían aprender unas de otras según sus intereses y necesidades, creando así una comunidad de redes, frente a ese sistema institucionalizado.
Aunque a lo mejor no lo veis del todo, toda esta teoría de Ivan Illich está muy relacionada con el teatro. En un club de teatro siempre hay una persona con autoridad, ya que es quien nos enseña las cosas más básicas del teatro como por ejemplo, nunca dar la espalda en escena, además de ayudarnos a montar la obra, a representar los personajes, a mejorar nuestras improvisaciones, y una infinidad de cosas más. Sin embargo, cada integrante del grupo aporta cosas diferentes y todos aprendemos de todos: hay personas a las que se le da muy bien hacer reír al público, a otros se les da muy bien hacer improvisaciones, a otros aprenderse el texto, a otros transmitir tristeza… Al final, en un club de teatro aprendemos muchas cosas gracias al profesor, pero lo que realmente nos hace ser mejores actores son nuestros compañeros, esa pequeña comunidad que hemos creado a partir de nuestros gustos e intereses parecidos y cada persona aporta su propio punto de vista, su historia. Además, otro punto importante es que cuando participas, en este caso, en una experiencia teatral lo haces porque quieres, surge de tu propia motivación e interés, no hay una obligación.
Después de todo esto, quería enseñaros cómo podríamos utilizar el teatro como un herramienta pedagógica. Ya hemos visto que en un club de teatro aprendemos muchas cosas, pero sobre todo ocurre gracias a las personas. Pero, ¿podríamos utilizar realmente el teatro en las aulas de los colegios?
En resumen, el teatro, además de ser una expresión artística, es una puerta abierta a nuevas maneras de aprender y entender el mundo y nos permite conectar con nostros mismos y con los demás. Posiblemente por eso recuerdo esos años en los que hice teatro con tanto cariño y nostalgia, y ahora entiendo que no solo estaba actuando y disfrutando, sino que también estaba aprendiendo, pero de una forma distinta. A lo mejor ha llegado el momento de que esa forma de aprender llegue también a las aulas, ¿qué opináis vosotros?

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