¿Cómo es compartir tu vida con una persona con TDAH?
Si
habéis leído mi entrada de presentación, sabéis que tengo un hermano mayor,
Rubén, con el que me llevo 3 años. Mi hermano tiene TDAH y yo siempre he
convivido con él, nunca he estado sola. Por ello, me parecía interesante hacer
esta entrada para mostrar pequeñas cosas que en mi casa están normalizadas,
pero a lo mejor no le ocurre a todo el mundo. También, quería destacar que con
esta entrada no quiero reducir la persona de mi hermano al TDAH, pero me
parece que puede ser un tema que os interese como futuras maestras y pedagogas,
además de conocer otros puntos de vistas, ya que cada persona es un mundo y, en
este caso, yo voy a hablar de mi experiencia personal con mi hermano.
Para
hacer esta entrada he tenido hasta que preguntar a mis padres y a mi hermano
sobre cómo le diagnosticaron y me he enterado de cosas que
ni yo misma sabía. Es que, al fin y al
cabo, al ser la pequeña, nunca me han tenido que decir “tu hermano tiene TDAH”.
De hecho, yo creo que tardé mucho en saber que mi hermano tenía TDAH, porque
yo siempre lo vi "normal", siempre lo vi igual.
Respecto
al diagnóstico, a mi hermano se lo detectaron a la edad más temprana a la que
suele hacerse, a los 7 años. En este proceso de diagnóstico se hacen diferentes
pruebas, y una de las que hicieron fue un tipo de test sobre cómo se comportaba
mi hermano y debían hacerlo tanto la tutora de primaria de mi hermano como mi madre. A la hora de ver los resultados de
los test, los dos eran muy parecidos. El médico dijo que esto era bastante
raro, siempre suelen ser algo diferentes. Esto se debe a que, generalmente, los
padres tienen una visión más nublada o idealizada de sus hijos, sobre todo
cuando son tan pequeños y suelen tener ese miedo, aunque sea inconsciente, a que un hijo sea “diferente”.
Sin embargo, mi madre siempre tuvo muy claro cómo era mi hermano.
Otra cosa que me sorprendió cuando mi madre me estaba contando sobre este proceso de diagnóstico fue la respuesta de los médicos. Los neurólogos le dijeron a mi madre que había que medicar a mi hermano de inmediato. Dieron a entender que había un problema grave en el TDAH de mi hermano y era necesario medicar. Mi madre, ante esta respuesta, se lo planteó. Al fin y al cabo, te lo está diciendo un médico, por lo que respetas su opinión, ya que reconoces que él sabes mas que tú. Sin embargo, mi madre decidió preguntar a la tutora y la pediatra de mi hermano para conocer su opinión y tener más puntos de vista. Ambas dijeron que era mejor no medicar en este caso. Por ello, mi madre volvió al médico para decir que había decidido, por ahora, no medicar a mi hermano. La respuestas de los neurólogos, porque eran más de uno, eran textualmente estas: “si no medicas a tu hijo acabará en la indigencia” y “tu hijo está sacando seises cuando podría sacar dieces”. A lo que mi madre respondió: “prefiero que mi hijo saque seises y sea él mismo, a que saque dieces y no sea él ”.
Con todo esto no estoy diciendo que no haya que medicar a las personas con TDAH, sino que es importante tener en cuenta las consecuencias de esta medicación, ya que son bastantes. Además, mi madre nunca se cerró en rotundo, siempre decía que si Rubén lo necesitaba en algún momento se medicaría. Sin embargo, prefirió esperarse y ver cómo iba evolucionando durante toda su etapa educativa o que fuera más mayor para saber si mi hermano quería medicarse. A día de hoy, mi hermano con 21 años nunca se ha medicado y, en principio, no quiere hacerlo.
Después
de esta pequeña historia de cómo diagnosticaron a mi hermano la cual me parecía
interesante compartir, os quería hacer una especie de lista de cosas que hace mi
hermano que tengo totalmente normalizadas, pero que, a lo mejor, en otras casas
no sucede.
- Muchas
veces hay que repetirle las cosas: cosas tan sencillas como saber cuál es su
cepillo de dientes o su toalla, se le olvidan. Sobre todo la toalla, que
se cambia cada semana, a día de hoy me sigo asegurando de que sabe de qué
color es la suya, porque muchas veces cuando se lo dices está haciendo
otras cosas que considera más importantes y saber cuál es su toalla lo
considera irrelevante, así que se le olvida.
- Antes
de salir de casa se apunta lo que ha hecho: de esto me enteré hace unos
dos años y me sorprendió. Siempre que sale de casa se manda un whatsapp
a él mismo diciendo “he cerrado la puerta con llave” o cosas así. Esto lo
hace porque siempre va a mil por hora y muchas veces se le olvida lo que
hace porque no presta atención en eso. Por eso, como él mismo se conoce de
sobra, se manda ese tipo de whatsapps.
- Es
muy hiperactivo:
es importante saber que no todas las personas con TDAH son hiperactivas.
Exiten tres tipos de TDAH: combinado, predominantemente
hiperactivo-impulsivo y predominantemente inatento. Mi hermano Rubén es el segundo tipo, y por ello, es
muy hiperactivo desde siempre. Necesita gastar toda su energía de alguna
manera y, por eso, va al gimnasio. Además, en mi casa ya vemos normal que
estemos todos en el salón y de repente se ponga hacer flexiones.
- ¿Qué pasa en situaciones extraordinarias cómo el apagón? Mi hermano ese día estuvo de los nervios, y me acuerdo perfectamente porque intentó molestarme de todas las formas posibles para que le hiciera caso. Recuerdo que cuando se fue la luz él iba a irse a la universidad (porque también va por la tarde) y yo estaba en la cama porque había llegado de hacer un examen y no tenía clase. Salió de casa y se dio cuenta del apagón, así que volvió. Lo primero que hizo cuando llegó fue irse al gimnasio. Sin embargo, no tardó mucho en volver, ya que le echaron por las circunstancias del apagón. Después, a pesar de que llevaríamos menos de dos horas sin luz, ya empezó a ponerse nervioso porque se aburría y no sabía qué hacer. Empezó a montar en la bici estática que hay en mi casa mientras hacía un sudoku (lo sé, a mí también me parece demasiado). Cuando terminó, empezó a verse una serie en la tablet, pero se le quedó sin batería. Estuvo todo el día intentando molestarme para que le hiciera caso, pero yo estaba demasiado concentrada en estudiar los últimos exámenes que me quedaban. Intentó que jugáramos los cuatro (mis padres, él y yo) al trivial, pero nadie quiso y empezó a hacerse las preguntas a él mismo. Al rato se aburrió y decidió ir a casa de mis abuelos que viven a unos veinte minutos de nosotros y estuvo con ellos pasando el rato hasta que volvió. En fin, ese día me di cuenta de que mi hermano necesita hacer algo siempre para poder gastar toda su energía.
- Aunque
pueda parecer desorganizado, tiene rutinas muy planificadas: mucha gente cree que las
personas con TDAH son desorganizadas e incapaces de estudiar, pero no es
exactamente así, además depende de cómo sea cada persona. En el caso de mi
hermano, él se fija ciertas rutinas. A lo largo del día, hace trabajos,
estudia y juega al ordenador. Es verdad que mi hermnao no es capaz de
estar más de una hora sentado estudiando, pero eso ya lo sabe, por lo que
se organiza basándose en sus necesidades y responsabilidades. Por ejemplo,
nada más despertarse suele estudiar o hacer cosas de clase y luego se va
al gimnasio. Cuando regresa, vuelve a estudiar y cuando se cansa juega al
ordenador. Con esto quería mostrar que, a lo mejor, tú te crees que no
estudia, pero sí que lo hace, lo único que no todo del tirón.
Estas
son solo algunas cosas que he querido compartir, siempre desde el caso concreto
de mi hermano. A lo mejor algunos pueden ser unos “tópicos”, pero es la
realidad que yo vivo con él. Espero que os hayan servido para conocer un poco
más acerca del TDAH o para ver más puntos de vistas de diferentes casos.
Después
de esto, para conectar un poco con la asignatura de Organización y Gestión de Instituciones
y Programas Educativos, quería hablar sobre la experiencia de mi hermano en su
trayectoria educativa. Como os he comentado antes, a mi hermano le
diagnosticaron a los 7 años, por lo que ha estado diagnosticado durante la mayoría de
su trayectoria educativa. Sin embargo, nunca le aplicaron ningún tipo de medida
educativa, excepto en 2.º de Bachillerato porque él mismo lo pidió.
Durante
toda su etapa escolar (tanto en Primaria como en la ESO y Bachillerato), sus
notas siempre han sido “normales”, alguna vez suspendía, pero normalmente
aprobaba todo y, en algunas asignaturas como Historia, destacaba más con muy
buenas notas. No obstante, nunca se le aplicaron medidas. Además, tanto en
primaria como en la ESO siempre recibía el mismo tipo de frases por parte de
los profesores: “estate quieto”, “intenta no moverte tanto”, “no preguntes
tanto”, etc. De hecho, la frase estrella de los profesores a mi madre era: “tu hijo
es incapaz de estar más de 5 minutos sentado en la silla sin moverse”. Esto
refleja cómo el sistema educativo, en vez de ser empático con casos como el
TDAH e intentar tratar a los alumnos de la forma adecuada, deciden castigarlo y
señarlo. Asimismo, como he mencionado antes, fue únicamente en 2.º de
Bachillerato cuando a mi hermano le aplicaron medidas no significativas. En su
caso, le dejaban 30 minutos más a la hora de hacer los exámenes, tanto en
Selectividad como en los del instituto.
Con
todo esto, ahora que poco a poco nos estamos adentrando en el mundo de la
educación, me doy cuenta de que todavía queda mucho camino por recorrer en el
ámbito educativo respecto al TDAH. En muchas ocasiones, en lugar de intentar
comprender cómo funciona el cerebro de las personas con TDAH, el sistema
intenta corregir estos comportamientos que se salen de “normal”. Esas frases
tan escuchadas como “estáte quieto”, lo único que consiguen es frustrar todavía
más a los alumnos con TDAH, ya que ellos necesitan moverse, es una forma de
autorregularse. Por ello, en vez de emplear ese tipo de frase, se debería tener
una visión más empática y tratar de ayudar a estos alumnos. Por ejemplo,
podríamos permitirles que anden por la clase sin molestar a los demás si lo
necesitan, hacer pequeñas pausas activas durante clases o hacer actividades más
prácticas y participativas. Asimismo, podemos dar más tiempo en los exámenes,
dividir tareas largas en tareas más pequeñas, permitir diferentes formas de
participación o simplemente tener más paciencia cuando necesitan repetir
instrucciones. Todo esto, a diferencia lo que puedan creer algunos, no son
ventajas, simplemente estaríamos adaptando la enseñanza para que todos los
alumnos tengan las mismas oportunidades de aprendizaje.
Toda
esta experiencia de mi hermano me ha hecho darme cuenta de que es necesario que
haya una mayor formación del profesorado y del sistema educativo sobre cómo
tratar el TDAH de manera adecuada. No se trata de etiquetar ni de intentar que
pare de ser cómo es, sino de comprender sus necesidades, adaptar el proceso de
enseñanza cuando sea necesario y crear un clima de aula positivo e inclusivo.
Al fin y al cabo, cada alumno aprende y vive de forma diferente y, por ello, la
educación debería estar preparada para entender esa diversidad en lugar de
intentar que todos encajen en el mismo molde.

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